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Sativas, índicas, automáticas, regulares y feminizadas… Resulta casi increíble la velocidad con que van apareciendo no ya nuevas variedades, sino nuevos “tipos” de marihuana que desafían a la imaginación de los cannabicultore más avanzados.

Si recordáis, no hace mucho, si acaso poco más de 10 años, sólo había una clase de marihuana: la que venía picada en chivatos, más hoja que otra cosa…

Bromas aparte, lo cierto es que la realidad supera la ficción y en un mundo en el que el cultivo de cannabis narcótico es ilegal, o como mucho, “alegal”, y en el que se impide el desarrollo de programas de investigación de manera sistemática, resulta verdaderamente encomiable el hecho de que algunos cannabicultores se hayan preocupado de hacer evolucionar una especie vegetal como el cáñamo hasta el punto en que nos encontramos en la actualidad.

Gente prácticamente sin medios trabajando en precario, pero que sin embargo han llevado adelante sus investigaciones y desarrollos utilizando instrumentación de laboratorio de manera clandestina en universidades y centros de formación.

En realidad, han sido éstos y no los grandes laboratorios biotecnológicos ni la industria farmacológica, los que a base de empeño y en muchos casos invirtiendo su propia economía en el proyecto, han conseguido y consiguen que una planta como la marihuana esté llegando a unos altos niveles de tecnificación en su presentación como híbrido comercial. Como comentábamos en la introducción, hasta hace muy poco solamente conocíamos de la existencia de la marihuana como tal, es decir, una planta que se fuma o se come, y coloca.

Los más espabilados enseguida se dieron cuenta de que realmente había dos tipos, la que apalancaba y la que te activaba... Índica y Sativa. Por aquellos tiempos (no tan lejanos) los que cultivábamos ya estábamos acostumbrados a distinguir machos de hembras y a hacernos nuestros esquejes y nuestras madres, al tiempo que probábamos nuevos cruces, en muchos casos de nuestras propias plantas o de los amigos, a base de preñar unas ramas nada más. De repente, de un año para otro comenzaron a aparecer las “feminizadas”, que no eran otra cosa que las variedades de siempre, pero teóricamente todas las plantas tendrían que ser hembras.

Tuvo que pasar un tiempo hasta que este tipo de variedades comenzaron a funcionar realmente bien y a verse cada vez menos hermafroditismo, aunque como en el cannabis todo se mantiene en equilibrio, parece que las plantas feminizadas, aún siendo buenas plantas, son menos resistentes y productivas en general comparándolas con sus hermanas mayores, las “regulares” o “clásicas”.

Cuando ya parecía que las variedades feminizadas ya habían copado el mercado, se dio una nueva vuelta de tuerca a la crianza de cannabis narcótico con la aparición de un nuevo tipo de variedades: las automáticas o autoflorecientes.

La marihuana para florecer necesita alrededor de un mínimo de 12 horas de oscuridad continua y sin contaminación lumínica, y esto implica dos cosas: en exterior, con luz natural, sólo podremos hacer una cosecha. Utilizando técnicas especializadas y/o suplementando con luz artificial podríamos conseguir dos cosechas, pero así sin más cosecha buena buena es solo la del cultivo de verano que se suele recoger a lo largo del otoño e incluso ya entrado el invierno en algunas variedades muy sativas. El otro factor que afecta es el de la contaminación lumínica, de manera que si estamos cultivando por ejemplo en terraza y tenemos la mala suerte de tener una farola cerca, las plantas nunca acabarán de florecer, los cogollos no serán densos y posiblemente se volverán hermafroditas.

También existen cultivos de interior o invernadero en las que resulta imposible evitar el paso de luz, ya sea natural o artificial, hacia el interior durante el período de necesaria oscuridad. Las nuevas variedades automáticas vienen a solucionar ambos problemas al florecer de manera independiente del fotoperiodo. Así que por una parte, se pueden cultivar en casi cualquier época del año, en interior y exterior y son inmunes a la contaminación lumínica. Sin entrar en detalle sobre su cultivo, que veremos en un próximo artículo, sí podemos decir que van más o menos al contrario que las variedades no autoflorecientes, feminizadas o no, me explico: este tipo de variedades provienen de cruzar plantas “normales” con otras de zonas muy al Norte donde hay un ciclo de luz y clima de cultivo optimo de pocos meses, denominadas “rudelaris”.

Debido a este extraño fotoperiodo, se han adaptado sobre todo al periodo de seis meses de día floreciendo llegado un momento dado, más o menos entre los 30 y 40 días desde su germinación, aún con 24 horas de luz continua, que acaba en otros 30 ó 40 días: Total, entre 60 y 80 días desde que se germina, y siempre con fotoperiodo de vegetativo.

Las cosas no se han parado ahí, las semillas de marihuana automáticas se han ido mejorando para aumentar su producción al tiempo que las semillas feminizadas se han asentado con fuerza en el mercado apartando a las regulares que suelen quedar para cannabicultores con experiencia o “old school” (vieja escuela).

La última novedad según los rumores que nos llegan de bancos de semillas y criadores independientes es el uso de agentes mutagénicos en las semillas para aumentar la producción de las plantas que salgan de esas semillas pre tratadas.

Esto se consigue a base de mojar las semillas en una solución que contiene la llamada “colchicina” y que produce un error en la división celular haciendo que se transmita a cada célula nueva una fracción más de código genético de lo que sería normal. El efecto: plantas que en cada nudo echan 3 ó 4 ramas en vez de las dos habituales, y a la hora de florecer, donde antes había una flor, ahora aparecen dos o tres!!! O sea, que los vegetativos serán más cortos, ya que al tener más estructura desde el primer momento la actividad fotosintética se verá incrementada produciendo una especie de efecto de “reacción en cadena”.

Así, al tener más capacidad de producir savia elaborada se fabrica más tejido que a su vez aumenta dicha capacidad y podemos pasar las plantas a floración con menos tiempo de vegetativo, ya que este es mucho mejor aprovechado alcanzando el tamaño deseado en bastante menos tiempo. En la fase de floración, la cosa es mucho más evidente y los cogollos de las plantas poliploides, ya sean triploides o tetraploides serán de 2 a 3 veces más densos en cantidad de flores en el mismo tiempo. Así pues, esta nueva generación de marihuana promete lo que todos los cannabicultores desean: más producción en menos tiempo.

¿Qué nos traerá el futuro? ¿Plantas transgénicas con capacidad de producir insecticidas que eliminen las posibles plagas? ¿Variedades con gigantismo provocado con mutágenos? O ya mas simple, ¿hembras estériles que no se preñan por mucho polen masculino que les llegue? Nadie lo sabe… Todo dependerá de esas personas de las que hablábamos al principio: los investigadores sin título, autodidactas, enamorados de esa planta alucinante que se llama Cannabis y que gracias su esfuerzo, inquietud, ilusión y tiempo va tomando nuevas formas y variantes en la búsqueda de “la planta perfecta”.

En cuanto tengamos mas informacion sobre estas nueva generacion en variedades de semillas os la expondremos con todo detalle. Por ahora ya sabemos que una casa de fertilizantes esta probando un nuevo producto para el tratamiento de semillas con hormonas y en poco tiempo se hablara mucho de esta nueva"tendencia".

Hasta entonces saludos y buenos humos.


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